octubre 7, 2026

LÁCTEOS MI VIEJO | La pasión que nace en el tambo y se cuelga en el corazón de la gente

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Promoción de la 15ª Fiesta Provincial de la Mozzarella en San Vicente

SAN VICENTE | Hay reconocimientos que se exhiben en vitrinas con destellos metálicos y otros, mucho más profundos e imborrables, que se graban en la memoria colectiva de una comunidad. En vísperas de una nueva edición de la Fiesta Provincial de la Mozzarella, la cita gastronómica y cultural por excelencia de la región, la historia de Lácteos Mi Viejo vuelve a tomar el centro de la escena no solo por su trayectoria productiva, sino por la fibra humana y el compromiso inquebrantable que sostienen cada uno de sus pasos desde hace más de dos décadas.

La relación entre la marca y el evento más representativo de San Vicente es indisoluble: la empresa dijo presente desde la primera edición en 2009 en el Colegio San José, y jamás interrumpió su participación. Su palmarés habla por sí solo: desde aquella primera medalla de plata otorgada por el Ministerio de Asuntos Agrarios en 2012, pasando por el oro inaugural de la cata popular en 2016 y una presencia casi ininterrumpida en los podios provinciales y comunitarios a lo largo de los años. Sin embargo, detrás de las cucardas y las distinciones técnicas, late una filosofía que trasciende cualquier galardón formal.


Para Ignacio Contreras, fundador y motor de este proyecto, las medallas representan un aval al esfuerzo técnico, pero nunca el objetivo final. Su convicción es categórica: el premio de mayor valor es el que no se cuelga en el cuello, sino el que se abraza en el alma. Es ese veredicto inapelable que no dictamina un jurado de paso, sino los cientos de vecinos que cada mañana cruzan la puerta de sus locales comerciales en Alejandro Korn, San Vicente y en diversos puntos de la región donde la marca abre un nuevo local, o con los visitantes y tustistas que siempre vuelven a “La Ruta del Sabor”

El diferencial de la firma radica en una virtud que pocas industrias contemporáneas pueden acreditar: el control integral de la cadena productiva desde el pasto hasta la góndola. En el establecimiento ubicado en el paraje rural de las Once Bocas, todo comienza con la siembra y el cuidado riguroso de las pasturas. Allí, el bienestar del rodeo lechero y la crianza responsable de las terneras garantizan la pureza de una materia prima noble que luego se transforma, con minuciosidad artesanal, en una variedad de quesos y derivados lácteos de excelencia. Y por si fuera poco, animales asistidos por su propietario, que además es médico veterinario, con lo imprtante que eso es.

Ese circuito cerrado de trabajo genuino permite abastecer a siete bocas de expendio propias y llevar el sabor sanvicentino a plazas tan diversas y exigentes como Capital Federal, Bariloche, San Martín de los Andes, Trelew, Rawson, Puerto Madryn y Villa La Angostura. A la par de sus elaboraciones identitarias, sus sucursales integran marcas líderes mundiales, consolidando una oferta comercial robusta sin resignar la cercanía del almacén de barrio.


En un sector donde la industrialización en serie suele desdibujar el origen de las cosas, Lácteos Mi Viejo reivindica el valor del oficio. “Solo el amor supera a la leche”, reza el lema que guía el trabajo de la firma, sintetizando una labor diaria donde la humildad y la honestidad productiva son pilares innegociables. En pocas palabras, aquí la premisa es honrar la confianza del consumidor que busca calidad, frescura y autenticidad en su mesa familiar.

Detrás de cada logro productivo y de la expansión que hoy trasciende las fronteras locales, late una memoria emotiva que guía cada jornada de trabajo. La génesis formal del proyecto se remonta a aquel 3 de julio de 2012, cuando Lácteos Mi Viejo abrió por primera vez sus puertas en un pequeño local sobre la calle Belgrano, en pleno corazón de San Vicente.

En ese sendero recorrido con esfuerzo incalculable, la ausencia física de sus padres, Susana y Ricardo, se transforma en un recuerdo perenne y en el cimiento moral de la empresa familiar. Es una huella de valores que hoy encuentra continuidad y renovación de energías en sus hijas, Mía y Lola, convertidas en el pilar indispensable y en el empuje cotidiano para llevar a buen puerto este proyecto que conjuga memoria, presente y futuro.

Susana, Ignacio y Ricardo. Todo el emblema de la empresa Lácteos Mi Viejo, posando en uno de sus puntos de venta
La familia Contreras. Todo un simbolo de Lácteos Mi Viejo.


En esta nueva convocatoria popular en el Predio Ferial Vieja Estación, el stand volverá a ser ese punto de encuentro obligado donde el aroma a mozzarella inicia la “Ruta del Sabor” que convive con el apretón de manos entre vecinos. Porque más allá de cualquier competencia o estadística, el verdadero fenómeno de Lácteos Mi Viejo radica en su pertenencia: un proyecto que nació del barro y la constancia de nuestro campo, y que con superación diaria se convirtió en patrimonio vivo y orgullo productivo de toda la comunidad.

Foto de tapa