enero 31, 2026

FIN DEL CEPO | Entre la esperanza y el riesgo de una nueva devaluación

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Buenos Aires | El gobierno argentino ha anunciado oficialmente el levantamiento del cepo cambiario, una medida que por años rigió el acceso al mercado de divisas. Esta decisión, que busca dar señales de confianza a los mercados y atraer inversiones, despierta tanto expectativas como preocupaciones. Mientras algunos sectores lo celebran como un paso hacia la normalización económica, otros advierten sobre los efectos colaterales, en especial una inminente devaluación que podría tener varias implicancias sociales y económicas.

¿Qué implica el fin del cepo?

El “cepo cambiario” consistía en un sistema de restricciones para la compra y venta de dólares, que limitaba el acceso libre al mercado oficial de cambios. Su levantamiento significa que tanto personas como empresas podrán adquirir divisas sin la necesidad de autorizaciones del Banco Central ni enfrentar cupos mensuales.

El objetivo del gobierno es claro: unificar el tipo de cambio, en una banda de flotación, recuperar reservas del Banco Central, y enviar un mensaje de apertura al capital extranjero. “Es una medida de sinceramiento. No podemos seguir con un sistema dual que incentiva la especulación y desalienta la producción”, expresó un vocero del Ministerio de Economía. Sin embargo, el préstamo del FMI deberá ser aplicado, además, para pagar la deuda tomada por el ex presidente Mauricio Macri, durante su gobierno.

El fantasma de la devaluación

La otra cara de esta política es la posible (y casi inevitable) devaluación del peso argentino. Durante los últimos años, el tipo de cambio oficial se mantuvo artificialmente bajo en comparación con los dólares financieros y el blue, generando una brecha cambiaria superior al 100% en ciertos momentos.

Con el fin del cepo, el valor del dólar oficial se ajustaría para alinearse más con el mercado real, lo cual implicaría una devaluación significativa. Esto podría tener efectos inmediatos sobre los precios internos, en especial en productos importados y en la cadena alimentaria, generando presiones inflacionarias adicionales, que a su vez se traducen en riesgos y consecuencias sociales.

El Gobierno celebró el final del Cepo, pero evitó hablar de posible devaluación

La devaluación, si no va acompañada de medidas de contención, podría agudizar la pérdida del poder adquisitivo, especialmente en los sectores más vulnerables. La experiencia de crisis anteriores, como la de 2018, muestra que los “shocks cambiarios” en Argentina suelen traducirse rápidamente en aumentos de precios.

“Estamos ante un escenario donde los salarios podrían quedar desfasados, y eso genera tensión social”, advirtió Mariana Figueroa, economista del CEPA (Centro de Estudios Políticos y Alternativos). “El gobierno deberá actuar rápido para evitar una escalada inflacionaria que eche por tierra los beneficios de la apertura”.

Desde el punto de vista del sector exportador, la medida podría resultar positiva. Un tipo de cambio más competitivo impulsaría las ventas externas y podría aliviar la falta de dólares. Asimismo, los analistas financieros consideran que un mercado cambiario más libre mejora la previsibilidad y reduce el arbitraje especulativo.

Pero los beneficios a largo plazo podrían chocar con los costos inmediatos. El éxito de la medida dependerá, en última instancia, de la capacidad del gobierno para contener la inflación, renegociar precios internos y sostener la paz social durante el proceso de transición.

El fin del cepo cambiario marca un punto de inflexión en la política económica argentina. La decisión abre la puerta a una economía más integrada con el mundo, pero también exponen al país a turbulencias cambiarias y presiones inflacionarias en el corto plazo. La pregunta clave es si la economía -y sobre toda la sociedad- está preparada para absorber este nuevo sacudón. La respuesta se escribirá en los próximos meses, con una mirada atenta al precio del dólar, el índice de inflación, las próximas elecciones y el termómetro social.

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