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El evento contó con la presencia de autoridades locales, representantes de la Iglesia y cientos de familias. Con la bendición de un nuevo salón parroquial y la entrega de placas conmemorativas, la comunidad reafirmó el valor de la Parroquia San Antonio de Padua como un pilar indiscutido de su identidad.

ALEJANDOR KORN | Hay fechas que quedan grabadas a fuego en la memoria de un pueblo, y el pasado fin de semana la localidad de Alejandro Korn escribió una de sus páginas más emotivas. En un ambiente donde se respiraba una mezcla de nostalgia, gratitud y profunda fe, la Parroquia San Antonio de Padua celebró sus fiestas patronales y nada menos que 125 años de vida. Más de un siglo siendo el faro espiritual y social de una comunidad que se volcó masivamente a las calles para abrazar a su institución más emblemática.
La jornada amaneció distinta. El murmullo habitual de los vecinos se transformó en un reencuentro colectivo. Familias enteras, abuelos que recordaban sus bautismos y jóvenes que hoy forman parte de los grupos parroquiales se congregaron frente al histórico templo. Nadie quería quedarse afuera de un aniversario que excede lo religioso para tocar las fibras más íntimas de la identidad local.

Una celebración de fe y comunión
El acto central reflejó la unidad de todos los sectores de la ciudad. La ceremonia contó con una fuerte impronta institucional y espiritual, destacándose la presencia del intendente Nicolás Mantegazza, el párroco Gustavo Oubiña, y el obispo monseñor Jorge Lugones, quienes acompañaron a las autoridades locales, referentes de instituciones intermedias y a cientos de fieles.
Uno de los momentos más significativos y aplaudidos de la jornada fue la entrega de una placa conmemorativa que sella el reconocimiento oficial a estos 125 años de trayectoria infatigable.
“Esta parroquia no son solo ladrillos; es un espacio de contención, solidaridad y construcción de valores que ha cobijado a generaciones de vecinos”, se escuchó decir entre las autoridades, en un discurso que resumió el sentir de todos los presentes.



Bendiciones para el futuro
Pero la celebración no solo miró al pasado con gratitud, sino que también proyectó el futuro. Durante el encuentro se llevó a cabo la bendición del nuevo salón parroquial. Esta esperada obra de ampliación no es un logro menor: se convertirá en el nuevo epicentro para el desarrollo de actividades pastorales, educativas y sociales, fortaleciendo el rol comunitario que la parroquia lleva en su ADN desde finales del siglo XIX.
Hacia el final de la tarde, la solemnidad de los actos litúrgicos dio paso a la fiesta popular. Las actividades culturales y los encuentros comunitarios llenaron el aire de música, charlas compartidas y anécdotas compartidas entre mate y mate. Las muestras de afecto hacia el padre Gustavo y hacia todos los que hacen posible el día a día del templo fueron la constante de un cierre a puro festejo.
La Parroquia San Antonio de Padua demostró, una vez más, que el paso del tiempo solo ha servido para robustecer sus cimientos. Alejandro Korn festejó su historia, pero sobre todo, reafirmó su sentido de pertenencia en torno a un pilar que sigue tan vivo, fuerte y necesario como hace 125 años.
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